domingo, 25 de noviembre de 2007


Señalética en Santiago:
EL FIN DEL BLANCO Y NEGRO

Necesarios y reconocidos son los letreros que observamos al transitar por cualquier punto de la capital. Altura, dirección y sentido es lo que nos muestra los otrora clásicos rectángulos metálicos de fondo negro y tipografía blanca. ¿Qué ocurre con ellos? ¿Por qué comunas como Maipú, Las Condes y Santiago no se ajustan al color de la tradicional señalética?

por Nicole Vergara Domínguez



Caminar por las comunas de la ciudad siempre resulta llamativo. Además de contrastar las diferencias evidentes entre los sectores, la población que transita y el movimiento propio del lugar, se puede observar cómo detalles -que a la larga no son tan detalles- hacen disímil una comuna de la otra.

Las señales que dan cuenta de la calle por la que transitamos dejaron de utilizar, en algunos casos, los tradicionales colores que predominaban en un principio: el negro y el blanco quedaron en el pasado.

Maipú, con el alcalde Roberto Sepúlveda, cambió hace algunos años los letreros que se ubicaban en la comuna para dar paso a señaléticas de tonos azules y amarillos. Santiago, por su parte, exhibió con fondo gris y letra rojiza el nombre de sus calles, mientras que Las Condes optó por incluir en sus avenidas rectángulos color verde musgo y caracteres blanco rutilante .

Pero ¿qué implicancia tiene la modificación de esta señalética? ¿Afecta en algo a conductores y peatones? fue lo que se le preguntó al ingeniero en tránsito Jaime Bravo. “Claro que afecta, sobre todo en la visión de los conductores. Hay que pensar que cuando uno va manejando no tiene tiempo para mirar todas las señales que hay en la calle. Además los colores de los letreros importan muchísimo, la municipalidad no puede llegar y cambiarlos (…) a la larga esas modificaciones podrían ocasionar más de algún accidente”.

Sin embargo la opción de que aumenten estos incidentes no es un impedimento para que la Secretaría Regional Ministerial de Transportes y Telecomunicaciones autorice según la Comisión Nacional de Seguridad de Tránsito (Conaset) la instalación, en casos justificados, de señales nombre y numeración de la calle cuya forma y color difieran de lo especificado en el manual de señalización: señales verticales.

Cuestión de nombres

Pero no sólo distintos colores fue lo que apreciamos en los letreros que permiten ubicarse en la ciudad. Diferencias en la escritura e incluso en los nombres de las calles fueron parte de las singularidades observadas. En la primera cuadra de Avenida Los Leones, en Providencia desde 11 de septiembre hacia el sur, se ve el rectángulo que suprime el “los” y deja sólo al animalito. Av. Leones se aprecia.

Similar es lo que ocurre con la avenida Pajaritos en Maipú. La vía cambia su nombre con el correr de ciertos paraderos: a la ya conocida modificación del nombre por la fallecida dirigenta Gladys Marín se suma la adjunción de caletera (Caletera Pajaritos) y las supresiones de “los” y de la “s” final del término (Av. Pajarito).


Los ejemplos pueden parecer poco relevantes a la hora de sentir un cambio visible en el nombre de la vía. No obstante, es así como se comienza a tergiversar la designación de las calles. Tarea pendiente para las autoridades encargadas del tema y para los fiscalizadores que no desearán que en un tiempo más nos juntemos en Av. El León o en -la siempre mal pensada- Av. El Pajarito.

sábado, 24 de noviembre de 2007

Entrevista a Augusto Góngora: EL LIBRE MERCADO DE LAS IDEAS

Hoy es el encargado del contenido cultural que transmite TVN. Hace dos décadas dirigió uno de los clandestinos programas de televisión que atacaban a la dictadura. Antes fue un brillante estudiante de Periodismo que ya dictaba la cátedra de Cine, mientras cursaba tercer año. Si el lector busca una biografía de Augusto Góngora, se equivocó de texto.

Por Nicolás Rojas Inostroza

Entrar a TVN es casi una epopeya (sin Guerra del Pacífico). Los controles son rigurosos, “la factoría de mejor TV” no es tan de todos como parece. Una de sus uniformes oficinas es habitada a diario por Augusto Góngora, periodista y encargado del área cultural del canal estatal, quien no se definiría ni como pokemon ni como pelolise: “Ni lo uno ni lo otro. No soporto las categorizaciones porque generalizan mucho y borran los rasgos individuales, no me iría por ninguno. Prefiero que se me vaya descubriendo en el camino”, cuenta tras lanzar la primera carcajada. “Toda la mañana he querido fumarme un cigarrro”, dice. Tras satisfacer su necesidad matutina, entra por un atajo a su lugar de trabajo. Es un hombre de estatura media, con profundos ojos azules. Habla lento, pero seguro de cada palabra, sentado estáticamente en su silla azul. La oficina es amplia, pero carece de elementos identitarios (léase “foto del regalón” por ejemplo). Sobre su moderno escritorio de maderas claras hay una pantalla de computador, una revista que trae en portada la entrevista a Cristina Fernández de Kirchner, tres vasos llenos de agua mineral, dos tazas con café, un azucarero, un cuaderno abierto con un lápiz Bic negro sin tapa, papeles arrumbados, carpetas, y un lejano VHS. Al parecer el orden no es su fuerte.

Augusto Góngora dirigió, junto a Fernando Paulsen, el clandestino programa Teleanálisis entre 1984 y 1989. Este espacio se repartía a aproximadamente 350 organizaciones sociales, a modo de suscripción. Eran las “imágenes del país invisible” en un contexto adverso a la libertad de expresión. Al tocar el tema Góngora dice seriamente: “era un material que quería cumplir un bien social y político de lucha contra la dictadura, y nosotros invitábamos a la gente para que lo pirateara. Porque además ese material no estaba hecho para hacer negocios, no estaba hecho para producir utilidades, estaba hecho para que lo viera la mayor cantidad de gente posible. Y, por lo tanto, nosotros pedíamos que lo piratearan. Y lo pirateaban (ríe). Y que lo pirateen ahora también me parece bien”.

El teléfono suena un par de veces. “Ojalá no suene tanto”, dice cálidamente. Volviendo al silencio, la pregunta ¿de qué se hablaría en un Teleanálisis versión 2007? se hace presente: “Tendría que estar mucho en regiones, porque son invisibles miradas desde acá, un programa que debería estar mucho en los sectores populares que sólo aparecen en los medios cuando hubo un crimen, cuando hay un allanamiento buscando narcos. Tendría que estar cerca de los jóvenes, que no están representados hoy en la industria mediática”.

Reconoce que hay una brecha gigantesca entre ricos y pobres. Sobre el rol de la cultura en este contexto cree que: “cumple un rol súper importante, porque la gente que no tiene acceso a la cultura de alguna manera está siendo discriminada. Lo pongo al mismo nivel que discriminada en relación a la salud, a la vivienda, a la educación. La cultura es como parte integral de la vida de las personas y, por lo tanto, cuando no hay acceso yo creo que hay niveles de discriminación”.

- ¿Qué te pasa con la piratería?, ¿es perversa o es la democratización de los bienes culturales?

(Piensa) Es compleja. Yo partiría diciendo que me parece mal la piratería. Ahora, uno podría decir “es que los libros son tan caros que como que se legitima el libro cuneta”. Puedo entender eso, porque efectivamente los libros son muy caros, algo similar se puede decir con los dvd´s, etcétera. Pero yo creo que no es buena la piratería desde el punto de vista de que viola los derechos de propiedad intelectual, que están establecidos en la ley, que son derechos como otros y yo encuentro que las leyes hay que cumplirlas y sino, hay que cambiarlas. Pero violarlas así no me parece.

Sobre eliminar impuesto al libro (19%) dice que: “Alguna vez yo le planteé el tema a “Urrutia” (se refiere a su pareja Paulina Urrutia, ministra de Cultura), y me dijo ese no es un tema de política cultural, es un tema de política económica. Tendrías que ir a convencer a Velasco”. Es un tema que para él va más allá, no sirven de mucho los libros más baratos si las personas no se motivan por leer desde pequeñas: "Lo importante no es si leyó o no leyó El Quijote, lo importante es ayudarlo a encantarse con la lectura y, si esa persona, ese estudiante, se encanta con la lectura, seguramente algún día va a llegar al Quijote, cuando esté más preparado, cuando esté más maduro, cuando tenga más carrete".


LA TV

“Yo no le tengo ni un asco al rating. A mí me encanta el rating; de lo que sí nos preocupamos mucho es de las armas con que se consigue, si es con vulgaridad, con chabacanería, no me gusta. El punto es cómo lo logras”. La clave del éxito en la encarnizada batalla por las audiencias, parece estar en el punto entre ir escuchando y proponiendo. Sobre el modelo de televisión pública, volvemos al término medio: “Creo que es bueno que uno tenga que dar la competencia en el mercado. Debería haber un sistema mixto. Si el Estado chileno quiere privilegiar ciertos contenidos que ponga las lucas. Los fondos públicos concursables son menos del 1% de la recaudación publicitaria anual. Nada”.

Sobre la televisión digital, dice que la norma es un tema accesorio. Lo importante es centrar la discusión en el tipo de medios y de actores sociales que puedan entrar a la pantalla chica. “Hay mucha gente que le rinde pleitesía al libre mercado, y está bien. Pero no sólo podemos mostrar las mercancías, los productos, tiene que existir un libre mercado de las ideas en los medios”.

“Este país está lleno de vampiros, de noctámbulos, de insomnes, de gente que no se puede quedar dormida, yo no me quejo del horario”, declara satisfecho el conductor de Hora 25, programa cultural que parte nuevamente en enero.

FUERA DE LA OFICINA

Durante la conversación pareciera ser Roberto Carlos. Menciona muchos amigos de diferentes latitudes que se maravillan con los resultados de audiencia que obtuvo La Recta Provincia de Raúl Ruiz (10 puntos en promedio) y con el verde de Santiago: “Santiago tiene una increíble cantidad de verde”, “yo creo que relaja o sea si los árboles fueran rojos estaríamos todos muertos, paranoicos”, dice el periodista que ha sido detenido sólo una vez en un su vida, mientras tocaba la bocina de su auto (Y - va – a – ca - er) en la primera gran protesta anti dictadura. “El señor Góngora ha sido detenido por utilizar el dispositivo sonoro del vehículo con fines subversivos”, decía el singular parte.

- Si tuvieses que deshacerte de todos tus discos, y sólo quedarte con tres. ¿Cuáles serían los elegidos?

- Conservaría El amor después del amor de Fito Páez; conservaría un disco precioso que me regalaron que es de Dulce Pontes, una cantante portuguesa de fado que es un canto particularmente portugués con música de películas de Ennio Morricone. Es imperdible. Ese lo tengo ahí. Y el otro que tengo, que lo escucho bien seguido, es de la película (piensa un par de segundos y vuelve acelerando el ritmo) Azul de la trilogía Rojo, Azul y Blanco. Es de un músico polaco, súper enredado el nombre, no me acuerdo (La memoria cebrina ayuda a nuestro entrevistado: Zbigniew Preisner, Bleu). Una película que está protagonizada por la Juliette Binoche: el marido es músico, se ha muerto, y ella a través de las partituras, sobre todo de las recientemente escritas por ese músico, trata de entender quién era ese hombre; en el último tiempo como que se habían perdido y se habían convertido en unos desconocidos. Entonces ella, revisando partituras, tratando de comprender qué emociones tenía en el alma este hombre un poco antes de morirse. El argumento es precioso y la música es increíble.

Góngora en un improvisado discurso, dice que si mañana despertara convertido en presidente de Chile, sus primeras acciones irían hacia los “Jóvenes, jóvenes, jóvenes… los pescan sólo para las elecciones, hay una generación súper huacha”. Pero es claro, nunca se presentará a cargos políticos “Admiro la política bien hecha, pero es cada vez más escasa”, argumenta serio.

- Si no fueses periodista, ¿a qué dedicarías tu vida?

Sería músico o centro delantero de Colo-Colo, no tengo ninguna duda. Si la reencarnación existe voy a ser músico o centro delantero de Colo-Colo, no quiero otra cosa (ríe).

En un par de décadas no se imagina haciendo cine, ni sentado en el Senado. Le gustaría escribir un guión: “Me interesa cómo está contada una historia, cuál es el motor narrativo, cuál es el tejido invisible. Si yo fuera capaz de escribir un guión bueno, con eso estaría ya como top”.

- Alejandro Jodorowsky te señaló en una entrevista para cine video “…Y está el Jodorowsky de 120 que me dice “triunfaste, ahora hiciste que se acabara la polución. Todo el mundo tiene jardines, todo el mundo hace poemas y es poeta, lograste hacer lo que querías…hiciste que el arte fuera curar a la gente”. ¿Qué te gustaría que te dijera el Góngora de 80 años?

Él llegó en el total de la entrevista a los 400 años. Empezó a subirse por el chorro wooow, wooow, wooow (agita las manos). Creo que partió en los 80 y llegó a los 400. Y yo me quedé quieto, yo decía “no quiero interrumpirlo”, era el momento en el que un periodista se tiene que quedar callado. Porque ahí algo está ocurriendo, haces una pregunta y la cagai (…) ¿Qué me gustaría? que difícil (piensa 15 segundos)… “Haz lo mismo, ¡haz lo mismo!”. Porque uno es una mezcla de un montón de cosas que a uno le nace ser. O sea ni cagando le diría (tono irónicamente erudito) “anda todos los días a la biblioteca, lee más, ve más cine, por que es la principal manera para cagar a alguien, ¿cachai?”. Y yo soy bastante como a ratos disperso, como que tengo hartos intereses diversos, me gusta el cine, me gusta la playa, me gusta el teatro, me gusta estar en un bar hasta tarde conversando, me gusta no hacer nada, me gusta dormir, me gusta el fútbol. Entonces uno es una mezcla de tantas cosas que es tan importante dormir como leerse un súper buen libro. Y uno es la mezcla de todas esas cosas que naturalmente tiene el deseo de hacer. Entonces yo le diría “haz lo mismo, cumple con tus deseos, que nadie te encasille, que nadie te diga que tenís que hacer”. Quizás diría: “se menos racional y juega más con la intuición. Juega más”. De repente tiendo a ser un poquitito irracional. Entonces quizás lo único que me diría es ya po huevón juega un poco más. Juega un poco más (silencio). ¡Tóquela!, ¡tóquela!, ¡no la levante! (ríe a carcajadas).





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INVERNAL SUSURRO URBANO
{por Augusto Góngora}


Una vez ahí bajando por el puente del Arzobispo, había una señora súper pobre que andaba con un perro, era invierno. Tengo la sensación de que la señora andaba pero con una tristeza infinita, andaba deprimida, estaba mal. (Baja el volumen de la voz, susurrando) Hacía frío, lloviznaba, y ella estaba como con una bolsa, que obviamente le debe haber pesado mucho, y con un bastón. Yo dije “está esperando que le den la luz verde al peatón para atravesar”, y le daba la luz y no atravesaba. Yo estaba en un taco, entonces la empecé a ver desde atrás y ella no atravesaba. Pero andaba con un perro, el típico perro vago, quiltro. El perro atravesaba. Pero llegaba al otro lado, miraba, y cachaba que la señora no había atravesado y… la iba a buscar. Me llamó la atención, obviamente andaban los dos juntos, el perro era de la señora. Primero me causó un desgarro tremendo ver esta señora que, de repente se había ido y estaba metida quizás en qué pena, en qué dolor, en qué problema, que se le había olvidado que tenía que atravesar. Y me llamó la atención el perro que era súper buena onda. Porque volvíaa, volvíaa, volvíaaa, y esa escena a mi me dejó, me quedó metido adentro algún dolor tremendo de esa señora, algún desgarro, pero que tenía al perro (sonríe). El perro como entusiasta, siempre como para ir y para volver, como diciendo “¿ah?, ¿en qué estamos?, ¿sigamos adelante?” (ríe). Si el perro hubiera podido hablar le habría dicho “ya, vamos, vamos (mueve los brazos con energía), ya vamos a superar esta coyuntura tremenda”. Eso no lo olvidaré nunca. Impresionante.

¡ !

ODA AL HELADO CASERO

Tú cuerpo en bolsa,
que vales sólo 50,
en tus formatos diversos,
nuestra sed en el barrio llenas.

La vecina con cartel a mano
te ofrece magno producto,
tal como el heladero micreado
a grito pelado lo anuncia,
tú a la mitad de precio,
presentas tu majestuosa esencia.


Todo sube en la economía,
mas tú eres anacrónico,
siempre helado casero
que no vales un precio astronómico.

Yo te invito forastero
a disfrutar la delicia pasajera,
en el encuentro callejero,
en los suburbios que se quiebran.


***


CRÓNICA DE UN RECORRIDO ANUNCIADO


Por: Francisca Palma Arriagada.


Hoy Recorrido

406

14:43 y abordo la micro peladita. Hay asientos disponibles pero con la compañía de algún desconocido. La 406 empieza su recorrido expulsándonos de Cantagallo. Somos 21 personas en un comienzo, veamos cuántos seremos al final del recorrido.
Físicamente esta cabina con ruedas no es oruga, es la de formato corto, pero de las nuevas. Tres puertas y una característica imprescindible para poder escribir: una vibración prudente en el interior, que la hace más reconfortable que las amarillas enchuladas.
Estudiantes, trabajadores y señoras son parte de esto que recién comienza. A mi lado un hombre lee El Mercurio, el chofer recibe instrucciones por radio y dos trabajadores conversan de sus proyecciones para el verano.
Un camino lleno de concesionarias automotrices va escoltando nuestra ruta. Aún no se asoman las señoras cuiquísimas, esas que salen en los comerciales y que cuando las ves en el transporte público te preguntas dónde dejó su super auto propio. En el contexto no hay presencia de perfume alguno, al contrario, huele a gente, lo que no es malo. Por lo menos no huele a multitud de hora peak (usted que anda en micro sabe a lo que me refiero).
Algunos duermen. Tienen la facultad de calcular en cuanto tiempo despertar para no pasar de largo. Mucha gente baja: estamos en "estación terminal Escuela Militar. Se les recuerda a los señores pasajeros que deben descender del tren”, clásico libreto de los funcionarios de Metro que ajenos a nuestra realidad paralela, concluyen un recorrido; mientras nosotros en la superficie recién estamos empezando, nuestro terminal dista a muchos kilómetros de acá. La micro está casi vacía y a mis espaldas un hombre le pide a su compañero que lo deje dormir, que no le "meta más conversa". De todas formas, es él quien sigue la conversación y dice a su colega de asiento que "se raje con una cashantún"
En El Golf el primer heladero que logra subirse es interrogado con un “¿qué vale?”, con esto logra hacer tres ventas. Simultáneamente mi vecino trasero se adormeció y me respira en la nuca. Ojalá que no ronque. Llegamos a Los Leones, la gente no se inmuta y estas estatuas tampoco. No rugen sólo se asolean. En este punto nos encontramos con lo que vienen del sur, los de Puente Alto, La Florida, Macul y Ñuñoa que, arrastrados por otros recorridos, confluyen en este punto haciendo el primer taco del camino.
25 cuerpos en el bus, 29 después que lo abordan un grupo de compañeros de oficina, esos que a leguas son reconocidos como hombres buenos para el happy hour. Se ponen a charlar. No pasan ni dos minutos y le dan el asiento a una mujer, ¿que tierno, no?
Un mal olor de dudosa procedencia llega a mi olfato. No puedo reconocer de dónde viene, ha subido mucha gente de golpe. No entiendo porqué el chofer se ha bajado de la micro. Sólo veo que se acerca a un móvil de seguridad de la Municipalidad de Providencia. En ese mismo momento un indigente se baja y trata de arrancar; el chofer aún no ha vuelto a la máquina. Le tocan la bocina para decirle que ya se fue. No escucha. Se sube y pregunta ¿se fue ya? Lamentablemente ese hombre no fue sacado porque no pagó su pasaje, sino porque su apariencia lo hacía, digamos, diferente.
Llegamos a Plaza Italia, lo sentimos cuando empezamos a inclinarnos a la derecha en la curva. El hombre del caballo, el señor Balmaceda, nos indica que estamos entrando a la Alameda, las de las supuestas delicias que ahora cada domingo se viste de con una careta de "buena".
Seguimos en la ruta, gente común y gente de oficina. La Universidad Católica con su opaco color y el cerro Santa Lucía en donde se puede ver gente atracando nos indican que estamos en el centro. La casa color amarillo pastel con el hombre inclinado en el pórtico vigila atentamente lo que queda para llegar a La Moneda. En ese mismo momento la gente se sopea en los paraderos.
Se sube junto a una mujer obesa, un olor a flores, algo así como agua de colonia. Gracias, eso hace que disminuya el aroma a gente. Acercándose me pide permiso y como puede se sienta a mi lado. Cierra los ojos y empieza su sueño.
De aquí a la Estación Central no hay mucho afuera. Lo importante pasa adentro de la micro. Una pelirroja se besa con alguien frente a nosotros y a mi lado un par de desconocidos conversa. La micro es un lugar de encuentro, de historias mínimas que concluyen con un "permiso, me bajo. Chaito, que le vaya bien".
Frente a la Estación Central, Matuca
na se abre paso. Suben señoras en short y de lentes oscuros, con ese pelo pseudorubio. Primero el Centro Cultural Matucana 100, luego la Biblioteca de Santiago y el Hospital San Juan de Dios, en donde nací. Es raro volver al epicentro. Por lo menos de esta manera se puede, es imposible meterse a la matriz de la madre. Para volver al recorrido y salir de la abstracción, una brisa fresca que proviene de la Quinta Normal, me hace despertar.
"San Pablo con Matucana", tal como dice la cueca Adiós Santiago querido, se antepone a nosotros. Estamos en los barrios de Quinta Normal y se puede ver los años que tienen encima esas casas. A pesar de ello, algunos departamentos invaden el lugar. Hay algunas casas en demolición, serán parte del mismo destino.
Con mucho esfuerzo nuestro transporte logra doblar en una esquina. Considerando que esta es una micro chica, ¿cómo lo hacen esos troncales cuncuneados? ¿Qué hace esa máquina gigante del transporte urbano que con su círculo en el medio, logra hacer el efecto "tagadá" en los pies de los aburridos pasajeros?
Pronto, siendo 37 los pasajeros, se asoman las calles Radal con San Pablo, lugar trascendental en mi vida: cuna de mi padre y escenario del primer encuentro con mi madre. A esta altura del viaje siento que mi corporalidad se hac
e parte del asiento. No tanto por el calor, sino que por la complicidad de llevar una hora de proxémica comprometedora.
San Pablo con Neptuno, primera estación del Metro. Muchos bajan y muchos suben, de los 30 que estábamos, ahora somos el doble. Grandes aros, mechas chasconas y piercings recorren los fierros para afirmarse: es la transición de Lo Prado a Pudahuel. "Todos pagaron su pasaje menos usted", grita el chofer apuntando cerca de mi. Desconcertado un hombre replica "pero si ya pagué en el Metro", recibiendo un "tiene que marcar igual" como respuesta. El griterío hace que mi colega despierte y diga "esta mugre de Transantiago".
Pasando Gabriela Mistral, San Pablo se puebla de departamentos demasiado pequeños. Este murallón formado por los blocks nos escolta. Baja gente en cada esquina, un indicio de que queda poco. Vamos quedando nueve acalorados y veraniegos. Tras dos paraderos siguientes, los demás descargan su masa corporal y quedo sola. "¿A dónde va usted?"-dice el chofer en un tono choro. "No sé"- respondo- ¿a dónde llega? ¿A dónde vas pues? ¿A Vespucio? Bájate acá, es la última parada.
Así, ninguno de mis colegas iniciales llego a la meta conmigo. El olor a perro muerto de este lugar vacío me saluda. Cuando yo me bajo para terminar, otros lo hacen para continuar. ¿Cuánto hay más allá?, ¿Quién vive tan lejos acompañado del sonido de las turbinas de los aviones del aeropuerto? 16:18, todo terminó.

Bonus Track: Vuelvo a mi casa. Encuentro un paradero en medio de esa nada. Dos niños con mala facha en él. Tengo temor que me asalten, nadie podría ayudarme. En fin, me acerco igual. Sólo me miran y luego, a penas vieron una micro, corrieron como chitas chilensis para pegarle un sticker grande de la Teletón. ¡QUÉ PREJUICIOSA SOY!

La tumba de Víctor Jara:

HUMILDAD ETERNA

Por Francisca Palma Arriagada


En la intersección de la calle México con los Maitenes del Cementerio General de Santiago, casi al frente del Patio 29, un cúmulo de flores y un aura roja resalta del muro blanco que, adornado de epitafios y recuerdos, aloja a los nichos.

Fotografías que están guardadas en la memoria y que más de una vez hemos visto en las calles se asoman iluminando a ese colorido espacio. No es cualquier difunto que está en ese sepulcro: es él, actor y músico, Víctor Jara, asesinado en manos de la dictadura militar en 1973.

Cartas a mano, claveles, rosas, helechos y flores plásticas se amoldan en el cuarto piso de esta hilera vertical. Proyectándose hacía el frente, un banquillo acompaña a quien curiosamente se acerque y desee sentarse. El árbol que está a su izquierda no se escapó de la tónica escarlata y las letras a mano se hicieron parte de sus fibras. “Víctor, aunque no estás físicamente, siempre estarás en nuestras mentes” y “El amor se esconde en la guitarra y en el canto de Víctor Jara”, son poesías francas que maduraron y cayeron por su propio peso plasmándose en ese universo vegetal.

Visitantes frecuentes y curiosos posan su vista en este espacio que no todos conocen. Entre ellos, un niño se asoma, se detiene y contempla. Ese mirar esconde las interpretaciones que cualquiera puede hacer de este sitio y cargarlo así de motivadas o improvisadas significaciones: nada está determinado.


Los elementos de esa burbuja atemporal cargan de guirlandas navideñas y banderitas diciocheras los encuentros con Víctor. Dentro del cuadro, lo único que se escapa de la trampa colorada es un letrero verde comisaría. Interviniendo externamente y sin permiso, la oficialidad destinó algunas palabras limitadas solamente a sentenciar: PERSONAJE DESTACADO, Víctor Lidio Jara Martínez.


Cualquiera podría pensar que ésta tumba algo desordenada no está a la altura de la figura de este trascendental cantautor nacional. Ese cartel no es placa y su metal no es bronce. Esa piedra no es mármol y ese nicho no pretende ser monumento. Por eso, la apreciación justifica o desmiente supuestos.

Alguien que pasaba por el lugar dijo que Víctor “debiera estar en un lugar especial”. Otro, sumándose agregó “que debiera ser más reconocido (…), preocuparse más de su tumba”. A pesar de aquello, otra persona distinguió que “quizás los familiares o sus compañeros directos lo quieren recordar así, humilde como fue, como representante de clase obrera”. ¿Puede ser juzgado un lugar por su apariencia?, ¿qué ha llevado a que esté así?

Respecto a la tumba y sus condiciones, en la fundación que lleva su nombre la respuesta es clara: “la voluntad de su mujer cuando lo pudo enterrar fue que el sepulcro fuera de piedra, lo más sencillo posible”. De allí hasta hoy, las cosas han cambiado en todo sentido, incluso este tipo de espacio que normalmente se caracteriza por la sobriedad, ha recorrido una trayectoria a la colectivización y a una apariencia espontánea.

ASÍ OCURRIÓ…

El mismo año de su muerte, Víctor Jara fue sepultado. Esto fue posible gracias a una llamada que recibió Joan Turner, su mujer. De no haber sido así, el artista estaría en una fosa común: “el 16 de septiembre le entregaron el cuerpo, sino lo iban a echar a la fosa común. Le avisó una persona que trabajaba en la morgue. Lo hizo para callado”. Respecto a su ubicación, “tocó la casualidad de que esa calle está llena de personas que tienen que ver con el golpe militar, fallecidas el 73”.


Así, la voluntad y el azar confabularon para que el contexto definitivo de Víctor fuese ese. Desde esa fecha, el lugar no encontró la opacidad y sobriedad ya que, como reconocieron en la institución, “los jóvenes se apropiaron de esto”. El entorno se llenó de recuerdos, emociones, momentos y pensamientos. Finalmente “el pueblo es el que maneja esa cosa”.


Saliendo de lo material y acercándose a lo abstracto, ese lugar está para visitar y para sentir, para reconocer que la memoria no se trunca: fluye. Visitar esta tumba es asistir a un espacio vivo en donde el transcurrir de los años no hará que el olvido se apropie de las intenciones, ni que la monotonía apoque el acorde que aún suena en la cabeza de este Chile.


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[…Mi canto es un canto libre que se quiere regalar a quien le estreche su mano a quien quiera disparar. Mi canto es una cadena sin comienzo ni final y en cada eslabón se encuentra el canto de los demás…]


"Canto libre", Víctor Jara

jueves, 22 de noviembre de 2007

DATO inÚTIL

Por Francisca Palma Arriagada

LIBRERÍA TXT

Una sutil música sale desde un local invitándote a ingresar. Un luminoso verde limón lleva a mirar la publicidad del exterior: ¡sorpresa! Aquí si que hay ofertas. Libros clásicos y otros más contemporáneos se encuentran en las estanterías desde $990. Títulos de Mario Benedetti Y Pablo Neruda a $3990, entre otros. Y no sólo de libros vive este local; más de 120 películas como El Pianista, Taxi Driver y Lolita, además de algunos films chilenos entre los que están Julio comienza en Julio y B-happy son parte de una promoción: 3 DVD más un libro de regalo a $9990. Esto no es todo. CDs de artistas como Michael Jackson, Bob Marley, Fito Páez, Charly García y Nicole a sólo $1990.
Local Av. 11 de Septiembre 2159, Providencia.
Sucursal Huérfanos con Miraflores, Santiago.

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EMPORIO & IDEAS, CHUCHERÍAS

Ya no sólo se venden los clásicos portarretratos. Accesorios, artículos de oficina y adornos. Este local tiene hermosos regalos que salen de lo común, llenos de colores y formas extrañas. Con precios de los mil pesos en adelante, una atención excelente y muchas cosas para sorprenderte.



Boulevard del Parque Arauco, Las Condes.
Mall Alto Las Condes.
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DON PEPE, FUENTE DE SODA


Si el ataque de hambre te pilla en el centro con una billetera mal parada, aquí una suculenta solución: dos completos por $990, dos italianos por $1000, un lomito palta o italiano por $1500 y pernil a $1000, todos estos acompañados de una bebida de 350 cc, un té o café. ¿Qué mejor?

Estado con Moneda, Santiago centro.
Plaza de Armas, Sector de comidas, Santiago centro.




ALAMEDA EN BUENA




Por Catalina Brunetti Casas-Cordero



Ahora los domingos no son tan fomes porque por una iniciativa de la Municipalidad de Santiago, se está cerrando la calzada norte de la Alameda, entre Plaza Italia y Amunátegui, desde las 9 a las 14 horas, con el objetivo de que los santiaguinos puedan usar este espacio público para realizar actividades deportivas y recreativas, fomentando así la vida sana.



Las calles se llenan de público y entre las distintas opciones es posible andar en bicicleta y repararla de forma gratuita, pintar, hacer malabarismo, bailar, los niños más pequeños pueden pintarse la cara y también se presentan grupos de baile, entre los que se cuentan algunos jóvenes del ya desaparecido programa Mekano.

Los más contentos son los niños, ya que pueden salir, hacer algo diferente, pasarlo bien y al mismo tiempo hacer ejercicio y apagar el televisor por un rato. Miriam va con sus dos hijos cuando el trabajo se lo permite, y para ella esta iniciativa es “fantástica, sobre todo para la gente que vive en el centro en departamento.




MASAJES GRATIS: ¿EL MILAGRO COREANO?
Por Catalina Brunetti Casas-Cordero


Se acerca fin de año, y llega el período de exámenes, fiestas, planificación de las vacaciones, compra de regalos navideños, etc. ¿Estresado? Bueno, ya está la solución: CERAGEM.
¿Qué es?
Es un termo masajeador automático que combina masaje y presión con calor infrarrojo radiante, es un producto que desbloquea los canales de energía y relaja los músculos alrededor de la columna, mejorando la circulación sanguínea, al momento que el proyector interno se mueve por el torso.
En palabras más simples, es una camilla, que masajea la columna a través de una especie de rodillo caliente que va avanzando a lo largo del cuerpo, Proviene de una empresa coreana que llegó a Chile hace más de dos años y tiene centros en 60 países del mundo.

¿Para qué sirve?
Es recomendada para todo tipo de molestias, ya sean problemas en la columna, piernas, articulaciones, incluso es efectiva para el estrés y depresión. Y según una monitora del lugar, “sirve hasta para sanarse de los juanetes”.
¿Cómo puedo usarla?
Es muy sencillo, sólo hay que ir a algún centro CERAGEM (hay uno en Las Condes cerca del metro Escuela Militar y otro en el centro en Santa Rosa con la Alameda), pedir el número y esperar su turno. En la espera siempre hay algún monitor o monitora del centro que se preocupa de incentivar el uso de las camillas, y una que otra persona da su testimonio de recuperación, el que generalmente va acompañado de lágrimas y aplausos.
Cuando se han desocupado las camillas, la monitora procede a vociferar el ya conocido “grito” de ánimo, donde los presentes manifiestan su deseo de recuperarse de sus achaques.
Luego, simplemente te acuestas, y esperas los 40 minutos que dura cada sesión, puedes ir las veces que quieras; el único requisito es llevar ropa blanca o clara, para que los resultados sean más efectivos.

Si te preguntas por qué nunca escuchaste de esto, es porque no tienen publicidad, ya que su negocio es vender las camillas, ofreciendo su uso de forma gratuita. Su valor es cercano a los dos millones de pesos, pero en Internet se pueden encontrar en la categoría “usadas” a un precio más bajo.
Muchos dudan de la efectividad de estas camas coreanas, pero nada se pierde con probar, total son gratis.






martes, 13 de noviembre de 2007

domingo, 11 de noviembre de 2007

lunes, 29 de octubre de 2007