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sábado, 1 de diciembre de 2007

LA FLORIDA EN UN METRO


Por Viviana Vega Barrera

Vía rápida, vía lenta. Santiago se mueve en el Metro, entre tubos subterráneos que van tejiendo redes inconclusas, pasajes entre pasajeros, pasajes entre historias. El Metro, ese tren bajo tierra y sobre el aire, es el responsable que día a día millones de personas se miren y no se reconozcan, se trasladen y se encuentren, se distancien y se busquen.

Las estaciones ya no son consideradas sólo como un lugar de paso para trasladarse a otro punto. Poco a poco se han ido transformando en un espacio de movimiento, en donde existen interacciones de todo tipo por parte de la población. Es un espacio de flujo, un “no lugar”.

Es el caso de Bellavista de La Florida, ubicada en la línea 5 del Metro, entre las estaciones Mirador y Vicente Valdés. Esta estación es una de las que tiene mayor flujo de pasajeros, pues posee conexión con el Mall Plaza Vespucio, uno de los centros comerciales más grandes del país.

Bellavista de la Florida tiene cuatro salidas al exterior y otras dos salidas anexas, una que conecta al Metro con el Terminal Intermodal y la otra al mall. En sus pasillos es posible encontrar desde un patio de comidas hasta un Bibliometro (Biblioteca del Metro que permite a sus usuarios registrados la solicitud de libros).

Uno de los pasajes es una especie de aperitivo a lo que se puede encontrar afuera, pues tiene un patio de comidas (más pequeño que el del shopping), centros de pago, panadería-pastelería, centro de revelado, pequeños negocios equipados para satisfacer necesidades, entre otros.

Además, esta estación logra un interés extra, por su intención de incentivar la cultura dentro de los cientos de pasajeros. Es así como entre medio de las boleterías se puede observar una historia completa de la comuna: Barrios con Historia, El Santiago de todos.

En la salida por Cabildo se encuentra una de las diez Bibliometro que existen en el mundo subterráneo, creadas para estimular la lectura en los usuarios de este medio de transporte. Muchos se acercan y salen con miles de letras en el bolso.

Al caminar por los pasillos que conectan al exterior, se puede encontrar, por un lado, la Municipalidad de La Florida y por el otro un supermercado. En sus alrededores hay centros médicos y de educación. Toda la vida podría ocurrir por aquí, o por lo menos todos sus “trámites”.

Bellavista de La Florida muestra un encuentro de personas tan diversas que a veces sorprende. Se puede ver madres con sus hijos, parejas, curiosos, turistas e incluso la presencia de grupos urbanos, entre los que destacan los reconocidos pokemones, quienes se reúnen cada vez que pueden en este lugar. “Cuando tenemos que juntarnos, todos vamos pa’l 14, tenemos todo ahí mismo, hasta la feria artesanal”, dice uno de los jóvenes de chasquilla alisada. La Florida es una de las comunas más pob

ladas de Santiago, donde la “clase media” va en aumento. Es una comuna que pareciera que siempre está “en obras”, construyéndose de a poco y a veces sin sentidos. Es una especie de campo minado que el Metro articula como si se tratase de una gran cuncuna, a veces aterradora. Vía rápida, vía lenta…. ¿se ha detenido alguno de ustedes en su estación?


domingo, 25 de noviembre de 2007

LA VIDA ENTRE VITRINAS

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Las cada vez más ignoradas galerías comerciales de la capital se levantan como recuerdos que van quedando de un pasado no tan lejano en una ciudad algo amnésica. Los primos pobres del Portal Lyon. El Caracol Ñuñoa Centro, lugar que pasa desapercibido con facilidad, es uno de ellos.

Por Javier Bertossi Urzúa

“La galería es un territorio de apariencias. Los que vienen a comprar pueden creer que somos solamente gente que vende cosas, que cuando cerramos el negocio desaparecemos. Pero nosotros sabemos que somos mucho más que negocios, que detrás de nuestros mostradores tenemos alguna que otra historia que, aunque no sea gran cosa, vale la pena contar”.

Con esta frase comienza El abrazo partido, película argentina del año 2004. Quien la pronuncia es el protagonista, Ariel, un joven cuya vida transcurre entre los locales de una galería comercial. En Santiago, a 1.590 kilómetros del Buenos Aires de la cinta, también se pueden encontrar todavía estos lugares impregnados de una atmósfera tranquila y también de cierta monotonía.


Son las cinco de la tarde de un día de semana. El pavimento de Irarrázaval arde bajo el constante tráfico y el inclemente sol de esta hora. Entrar al Caracol Ñuñoa Centro, ubicado en la esquina con Pedro de Valdivia, es como atravesar un portal hacia otra dimensión. O casi. Gracias a un eficiente sistema de ventilación o a esas casualidades de la vida, afortunadamente adentro no se respira el mismo aire pesado del exterior, y el tan santiaguino ruido de los autos y las micros que transitan por la avenida queda parcialmente neutralizado por la música ambiental estilo big band que sale de algún parlante estratégicamente ubicado. Es un día como todos.

El habitual apuro con que se mueve la gente por la calle también parece haberse esfumado dentro de los dos caracoles que componen la galería. Un puñado de posibles compradores camina por los pasillos, mirando las vitrinas sin entusiasmo, como sabiendo de antemano que no encontrarán en ellas nada interesante. Liquidadoras de juguetes usados, tiendas de chucherías Made in China, libros autoeditados, ropa económica y hasta un par de modestas corredoras de propiedades, entre otras, una al lado de la otra esperan con paciencia oriental la llegada de alguien y de su dinero. Los vendedores matan el tiempo y el aburrimiento de las formas más diversas: hay quienes conversan, otros hablan por teléfono, algunos juegan PlayStation, e incluso no falta el que duerme muy plácido una siesta.

Para no pocos es un misterio el cómo aún logran sobrevivir estas tiendas, considerando la relativamente baja afluencia de público a las galerías en general y sobre todo luego del surgimiento y consolidación de los malls a partir de la década pasada. La respuesta podría ser más fácil de encontrar de lo que parece: se trata de establecimientos comerciales que cuentan con una clientela estable compuesta por caras conocidas –las múltiples peluquerías existentes en la galería, el mejor ejemplo- y de negocios especializados que trabajan con artículos bastante específicos, como es el caso de la tienda de los scouts o de los dos locales que venden equipamiento para hockey en patines.

Aunque aún queda casi un mes y medio para Navidad, la galería ya cuenta con la tradicional decoración de estas fechas: ramas de pino plásticas y lazos rojos dispuestos en las barandas. Una versión de Nel blu dipinto di blu, clásica canción italiana de los años cincuenta, interpretada por una orquesta de jazz resuena en toda la galería, como la banda sonora de una película de incierto final. La tarde soporífera. El sudor pegado al cuerpo. Una joven se aburre tras un mostrador. Una vendedora entra y sale de la tienda vecina riéndose a carcajadas. Un atribulado padre llama por teléfono para saber qué era lo que le habían encargado: ¿pantalón de buzo o buzo completo?

La vida, aunque parezca estar en pausa, continúa.

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->PELÍCULARECOMENDADA
El abrazo partido. Argentina/España/Francia/Italia, 2004. Director: Daniel Burman. Con Daniel Hendler, Adriana Aizenberg y Jorge D’Elia.

->LUGARRECOMENDADO
Caracol Ñuñoa Centro. Av. Pedro de Valdivia 3462, esquina Av. Irarrázaval. Ñuñoa.